Notas sobre Psicoanalisis

El psicoanálisis de Freud es un modelo teórico descriptivo y explicativo de los mecanismos, procesos y fenómenos implicados en la vida anímica humana. Psicoanálisis o terapia psicoanalítica es también el conjunto de estrategias y técnicas psicoterapéuticas para el tratamiento de conflictos psíquicos y emocionales. Partiendo inicialmente de la hipnosis Freud desarrolló el tratamiento clínico en pacientes que presentaban síntomas de neurosis, estados depresivos o depresión, diferentes tipos de fobia y otras enfermedades psíquicas.

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Las nuevas terapias cognitivas integrales que revolucionan el ambiente psi: sesiones con yoga, arte y meditacion

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Cuatro mil especialistas de todo el mundo debatieron en Buenos Aires sobre la controvertida corriente que hace furor en Occidente: la psicoterapia integrativa. Combina psicoanálisis con técnicas corporales. La influencia de las nuevas tecnologías. Las críticas de los ortodoxos.

Esta semana Buenos Aires dejó de lado a Sigmund Freud y se convirtió en la capital de la psicoterapia. Cuatro mil especialistas de todo el mundo, que practican las disciplinas más variadas (desde conductismo hasta sistémica, desde yoga y meditación trascendental hasta hipnosis, entre muchas otras), se reunieron en un congreso internacional, el primero que se realiza fuera de Europa.

Aquí, en la ciudad donde los psicoanalistasortodoxos tienen cada vez menos abonados al diván y los pacientes hacen zaping entre una terapia y otra en busca de soluciones rápidas para resolver problemas puntuales, se debatió sobre la nueva corriente que hace furor en Occidente: la psicoterapia integrativa.

¿En qué consiste este novedoso y controvertido método, que pone los pelos de punta a los discípulos de Freud y Lacan? Los “integrativos” parten de la idea de que hoy ya no alcanza con un sólo y único abordaje terapéutico para dar respuestas efectivas a los pacientes. Entonces toman técnicas y herramientas de diferentes corrientes y disciplinas

terapéuticas y arman una especie de combo psi. O una ensalada, como sostienen sus críticos más acérrimos (ver “Receta”).

COMBO PSI

Como en la Argentina todavía no existe una carrera universitaria oficial que forme psicoterapeutas “integrativos” (en otros países de Latinoamérica ya hay escuelas de la especialidad), los psicólogos locales deben reinventarse a sí mismos. Para eso sirven los cursos, seminarios y congresos como el que terminó el martes 30 en Buenos Aires.

LOS “INTEGRATIVOS” TOMAN TÉCNICAS DE DIFERENTES CORRIENTES Y ARMAN UNA ESPECIE DE COMBO PSI. O UNA ENSALADA, SEGÚN LOS

PSICÓLOGOS ORTODOXOS

Organizado por el Consejo Mundial de Psicoterapia (WCP, en inglés), la Federación Latinoamericana de Psicoterapia y la Asociación de Psicoterapia de la República Argentina , contó con la participación de 3.900 psicoterapeutas de 53 países (casi la mitad fueron extranjeros). Además de las 141 conferencias, los 140 simposios y las 261 mesas redondas, se presentaron 1.300 trabajos sobre los temas que más se escuchan hoy en los consultorios de todo el mundo: depresión, adicción al juego, trastornos alimentarios, problemáticas adolescentes y de familia, impacto psicológico de las catástrofes, negociación en secuestros, violencia sexual, comunidades étnicas, religión y psicoterapia, adopción, danza, psicoterapia y yoga, psicooncología, entre otros.

“El encuentro reflejó una tendencia que viene creciendo en todo el mundo –explicó Eduardo Nicemboim, presidente del Congreso y secretario de la Asociación de Psicoterapia de la República Argentina (APRA)- . es el diálogo entre distintos modelos terapéuticos y enfoques. Hasta hace algunos años, cada una se postulaba como la “mejor” o “única” terapia válida para aliviar el sufrimiento humano. Cuando distintos estudios mostraron que no se podía establecer un predominio de unas escuelas sobre otras en función de los resultados obtenidos, comenzó una tendencia hacia el intercambio y la integración.”

Como Nicemboim y su colega Gustavo Lanza Castelli, vicepresidente de APRA, en el país ya hay cientos de psicólogos formados en la carrera tradicional que se volcaron a la psicoterapia integrativa.

Es, por ejemplo, el caso de la licenciada Beatriz Goldberg, autora de varios libros sobre adolescencia y familia: “Yo tomo del psicoanálisis freudiano su base teórica y de la reformulación lacaniana algunos elementos que lo enriquecen –explica- , pero no dudo en recurrir, con una actitud abierta y heterodoxa, a la terapia transaccional y a la terapia

LA PSICO – HIPNOSIS

Desde sofrosis para deportistas hasta terapias destinadas a víctimas de secuestros: estas fueron las últimas novedades presentadas en el Congreso Mundial de Psicoterapia. Hoy es posible armar terapias a medida para tratar cada problema.

El doctor Carlos Malvezzi Taboada, director del Instituto Gubel de Investigación y Docencia en Hipnosis, Psicoterapias Breves y Medicina Psicosomática www.hipnosisnet.com – hipnotiza a deportistas. No es el único ya que en Europa y Estados Unidos varios atletas se entrenan con estas tecnicas para rendir mejor.

Esta técnica se extendió tanto que en el mundo del deporte olímpico y de primer nivel ya se define a la hipnosis como “doping legal”.

Sus defensores dicen que permite enfocar la atención y la concentración en un objetivo al tiempo que brinda seguridad personal muy alta.

“El equipo olímpico de esquí de Suiza llevaba muchos años sin ganar cuando apelaron a esta técnica y desde entonces ganaron todas las medallas de oro –contó el especialista-.

En la Argentina , trabajamos eminentemente con golfistas, tenistas, maratonistas, levantadores de pesas, atletas, nadadores y judocas. Ya hay, por lo menos, dos mil profesionales formados por nosotros en esta técnica sistémica.

Estoy absolutamente convencido de que lo importante no es jurar fidelidad a una línea o a otra, sino tomar de cada una lo que puede resultarle útil al paciente que atraviesa una crisis”.

Tratamientos Integrativos

Los tratamientos integrativos, que son breves y focalizados, pueden incluir dramatizaciones, trabajos con la imaginación, visualizaciones, ejercicios de respiración para aprender, por ejemplo, a controlar la ansiedad.
El paciente, además, debe hacer deberes entre una sesión y otra. Según contó Lanza Castelli a Veintitrés , la tarea para el hogar que encarga a sus pacientes está relacionada con la escritura: “Les propongo llevar un diario personal, como cuando eran adolescentes. Yo lo llamo diario de exploración. El objetivo es prolongar el trabajo que el paciente hizo en la sesión junto al analista.”

MUCHOS PACIENTES DEBEN HACER “DEBERES” ENTRE UNA SESIÓN Y OTRA. LA TAREA PARA EL HOGAR PUEDE CONSISTIR EN ESCRIBIR UN DIARIO ÍNTIMO

Desde el campo de los terapeutas que recibieron la misma formación tradicional pero que continúan defendiendo a muerte las enseñanzas puras de Freud, las psicoterapias de este estilo son superficiales y con efectos pasajeros. Algunos hasta aseguran que sólo son un placebo que sólo actúan por sugestión. Y que los “conversos” que agregan otras técnicas a sus sesiones son, en realidad, un fracaso como psicoanalistas.

“Si un tratamiento psicológico no funciona no es culpa del psicoanálisis sino del analista que fracasó porque no supo usar la herramienta –sostiene Hugo Pisanelli, presidente de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires.

Por eso, los ex psicoanalistas que fracasaron con los tratamientos con la palabra, mejor que se callen la boca. Todos odian al padre, pero en realidad nadie se atreve a matarlo.”

HAY TRATAMIENTOS QUE INCLUYEN EJERCICIOS DE RESPIRACIÓN PARA CONTROLAR LA ANSIEDAD , PSICODRAMA Y VISUALIZACIONES.

LLAME YA

De los dos bandos coinciden en que el auge de estas psicoterapias se debe a los signos de la época: no hay tiempo para bucear por el inconsciente durante varios años, se necesitan soluciones urgentes, y los bolsillo no resisten costos de largos tratamientos. Y si bien es cierto que las terapias breves resultan finalmente menos costosas que un psicoanálisis que dure décadas, también hay otra realidad: las prepagas y obras sociales no cubren estos nuevos recursos. Por lo tanto, los pacientes tienen que pagarlos en forma privada. Ahí aparece otra de las críticas de los psicólogos convencionales: “Son un invento para captar pacientes y responder a una demanda de mercado”, aseguran furiosos.

Según el psicoanalista Lanza Castelli, Freud ya había previsto que su teoría sobre el inconsciente no estaba destinada a las grandes masas. “En uno de sus escritos sobre el futuro del psicoanálisis dice que un tratamiento largo y profundo sólo servirá para un grupo reducido de gente y que en el futuro será necesario algo nuevo, más corto y rápido, destinado al pueblo”, asegura.

“SI UNA TERAPIA NO FUNCIONA NO ES POR CULPA DEL PSICOANÁLISIS SINO DEL ANALISTA QUE FRACASÓ PORQUE NO SUPO USAR LA HERRAMIENTA.”

Lo haya previsto o no Freud, lo cierto es que cada vez hay más ofertas de terapias con nombres y objetivos, por lo menos, curiosos. Cuentos que curan, sesiones por teléfono o chat, tratamientos para chicos mediante internet o videojuegos, terapias de vidas pasadas, arteterapia, danzaterapia, yogaterapia: la lista de combinaciones es infinita. Y demuestra que esta modalidad integrativa llegó para quedarse y le juega de igual a igual al psicoanálisis. Aunque a muchos les parezca un disparate.

“Está aquí, instalada –agrega Nicemboim- y se nutre más con la colaboración que con el aislamiento, porque con la separación y la pelea de las últimas décadas nadie ha ganado. Ni los terapeutas ni los pacientes”.

RECETA BÁSICA

• INGREDIENTES : teoría general del psicoanálisis (cantidad necesaria), marco teórico de las corrientes psicológicas que hicieron escuela (cognitivismo, conductismo, sistémica; una porción generosa), técnicas alternativas (yoga, respiración, meditación, hipnosis; una o dos cucharadas soperas).

• PREPARACIÓN: haga un diagnóstico de la patología o problema del paciente a tratar; combine los ingredientes de la manera más coherente posible; arme un plan de tratamiento que dure como máximo tres meses; determine en forma conjunta los objetivos. Mezcle bien y sirva a gusto

 

A FAVOR

CON LA MENTE ABIERTA

Por Beatriz Goldberg*

No todos los psicólogos balbuceamos ajahhh… ¿y a usted qué le parece?”, sentados a la cabecera del diván donde el paciente desgrana reiteradamente sus recuerdos de infancia. Como esos, yo también me formé en el psicoanálisis, pero no soy ortodoxa. Esto significa que prescindo del diván y no soy partidaria de las terapias largas, porque creo que una persona que vive un conflicto que le produce un sufrimiento o que le insume gran parte de la energía que podría depositar en otra cosa, necesita encontrar una salida en un plazo mínimo y razonable. Por eso no dudo en recurrir, con una actitud abierta y heterodoxa, a la terapia transaccional y a la terapia sistémica.

Hoy vivimos en una sociedad exitista donde todo debe ser rápido y donde las exigencias son tales que no hay tiempo para una depresión o una crisis prolongada. El timing de los conflictos se ha acelerado junto con el timing social.

La actitud positiva y la fuerza de voluntad son determinantes para cambiar una situación, pero las posibilidades de cambio no dependen sólo de ellas. Las crisis son fenómenos multicausales, por lo que todo abordaje que no las considere en su verdadera complejidad tiene pocas posibilidades de resultar exitoso.

*Licenciada en Psicología, autora del libro

Estoy a tiempo todavía (Ed. Lumen)

EN CONTRA

INEFICIENTES Y CONFUSAS

Por Gabriel Jure*

Hoy existe un marketing doble y poderoso que tiende a lo contrario de lo que el psicoanálisis busca lograr: sujetos más reflexivos, inteligentes, creativos, éticos y con mayor capacidad de bienestar, amor y producción.

Uno de ellos es el que plantea el “supuesto” progreso en psicoterapias –con las cuales no comulgo, ya que estoy convencido de que el método psicoanalítico es el más profundo y logrado a pesar de sus quebrantos y malos analistas-. Este pseudo progreso plantea un sistema ecléctico de teorías y prácticas terapéuticas que además de ser ineficientes, frustran y confunden a los pacientes y permiten a los profesionales que la ejercen un laissez –faire: es decir, un todo vale, sin remitirse a una formación seria y apoyada en una coherencia metodológica y teórica, como la que practicamos muchos psicoanalistas.

El otro mito actual lleva el nombre de Terapia Cognitiva Conductual, que bajo el ropaje de instrucciones inequívocas de cómo resolver los conflictos, síntomas y problemas –al estilo de los libros de autoayuda-, no son más que una quimera que conduce al fracaso.

Detrás de este nuevo método está el interés de empresas farmacéuticas –la primera industria del mundo en épocas no bélicas- para medicalizar a la humanidad.

*Psiquiatra y Psicoanalista

 

 

Psicoanalisis Freud y Bernheim

freud y el psicoanalisisPsicoanalisis

 Freud Prologo y notas al libro de Berhneim

«De la Suggestion et de ses applications à la thérapeutique»
(1888-1889)

Freud Escribe el Prologo al libro de Bernheim, Escuela de Nancy.

En la prehistoria del psicoanalisis, el Maestro de Viena, Sigmund Freud, se interesa en forma profunda por el conocimiento de la Hipnosis. Su interes y entusiasmo por las aplicaciones y el exito de la hipnosis, lo llevan a interesarse en escribir en 1888-1889 el Prologo al libro de Hypolitte Bernheim “De la Sugestion y de sus Aplicaciones a la Terapeutica”.

«De la Suggestion et de ses applications à la thérapeutique»
(1888-1889)

El presente libro ya ha sido calurosamente recomendado por el profesor Forel, de Zurich, y cabe esperar que sus lectores sepan hallar en él todas las virtudes que indujeron al traductor a presentarlo en lengua alemana. Comprobarán, en efecto, que la obra del doctor Bernheim, de Nancy, ofrece una admirable introducción al estudio del hipnotismo, un tema que ya no puede ser soslayado por el médico; que en muchos sentidos es estimulante y hasta reveladora; que es perfectamente apta para destruir la creencia de que el hipnotismo sigue rodeado de una «aureola de absurdidad», como Meynert lo sostiene.

El éxito de Bernheim y de sus colegas de Nancy que siguen la misma orientación consiste precisamente en haber librado de su carácter extraño a las manifestaciones del hipnotismo, vinculándolas con los fenómenos ya familiares de la vida psíquica normal y del dormir.

Según mi opinión; el principal valor de este libro radica en las pruebas que ofrece sobre las relaciones entre los fenómenos hipnóticos y los procesos habituales de la vigilia y del sueño, revelando al mismo tiempo las leyes psicológicas que rigen en ambos sectores.

De tal manera, el problema de la hipnosis es trasladado íntegramente a la esfera de la psicología, y la «sugestión» queda establecida como núcleo del hipnotismo y como clave para su comprensión.

Además, en los últimos capítulos se reseña la importancia de la sugestión en sectores ajenos al de la hipnosis.

En la segunda parte de este libro se demuestra que el uso de la sugestión hipnótica dota al médico con un poderoso método terapéutico, que parece ser, en efecto, el más adecuado para combatir ciertos trastornos nerviosos y el más adaptado a su mecanismo. Con ello, el presente volumen adquiere una extraordinaria importancia práctica.

Su insistencia en el hecho de que tanto la hipnosis como la sugestión hipnótica pueden ser aplicadas, no sólo en casos de histeria y en los neurópatas graves, sino también en la mayoría de las personas sanas, está destinada a extender el interés del médico por este método terapéutico mucho más allá del restringido círculo de los neuropatólogos.

El tema del hipnotismo ha tenido la recepción más desfavorable que se pueda imaginar entre las luminarias de la profesión médica alemana, salvo escasas excepciones, como Krafft-Ebing y Forel, entre otros.

No obstante, es lícito aventurarse a expresar que el anhelo de que los médicos alemanes dediquen su atención a este problema y a esta técnica terapéutica, recordando que en el campo de las ciencias naturales sólo la experiencia, y nunca la autoridad sin experiencia, puede pronunciar el veredicto final, sea éste en favor o en contra.

Así, las objeciones que hasta ahora se han hecho oír en Alemania contra el estudio y la aplicación de la hipnosis, sólo son atendibles en virtud del renombre de sus autores, de modo que al profesor Forel le ha resultado fácil refutar en su breve trabajo una multitud de tales objeciones.

Hace unos diez años, la opinión dominante en Alemania todavía era de duda en cuanto a la realidad de los fenómenos hipnóticos, explicando los hechos respectivos por una combinación de credulidad por parte del observador, con simulación por parte de los sujetos sometidos a las experiencias. Tal posición ya no es defendible actualmente, gracias a los trabajos de Heidenhain y Charcot, para nombrar sólo a los más famosos entre quienes profesan su creencia en la realidad del hipnotismo.

Aun los más violentos de sus opositores se han percatado de ello, y en consecuencia suelen incluir en sus publicaciones intentos de explicar la hipnosis, reconociendo así, de hecho, la existencia de los respectivos fenómenos, a pesar de que traducen todavía su evidente propensión a negar la realidad de aquélla.

Otro punto de vista hostil a la hipnosis la condena como peligrosa para la salud mental del sujeto, endilgándole el epíteto de «una psicosis experimentalmente provocada». La demostración de que la hipnosis puede llevar a consecuencias nocivas en casos aislados no contradice, empero, su utilidad general, como, por ejemplo, la ocurrencia de casos aislados de muerte en la narcosis por cloroformo no excluye su aplicación en la anestesia quirúrgica en general.

Es muy notable, sin embargo, que esta analogía no sea susceptible de extensión, pues el mayor número de accidentes en la narcosis por cloroformo afecta a aquellos cirujanos que realizan el mayor número de operaciones mientras que la mayoría de los informes sobre las consecuencias nocivas de la hipnosis proceden de aquellos observadores que menos práctica han tenido con ella, mientras que todos los investigadores que disponen de una larga experiencia son unánimes en cuanto a la innocuidad de este procedimiento. Por tanto, para evitar los efectos deletéreos de la hipnosis probablemente sólo sea preciso aplicarla en forma cautelosa, con suficiente aplomo y seguridad, y en casos adecuadamente seleccionados.

Cabe agregar que nada se gana con llamar a las sugestiones «ideas compulsivas», y a la hipnosis, «una psicosis experimental». Es más probable que las ideas compulsivas puedan ser aclaradas por su comparación con las sugestiones que recíprocamente, y quien se asuste ante el epíteto de «psicosis» bien puede preguntarse si nuestro natural fenómeno del dormir no posee por lo menos los mismos títulos para tal calificación, si es que algo se gana siquiera con la aplicación de términos técnicos fuera de su propia esfera. No; de este sector no le amenaza a la causa del hipnotismo peligro alguno, y en cuanto un número suficiente de médicos estén en condiciones de comunicar observaciones tales como las contenidas en la segunda parte de este libro de Bernheim, podrá darse por establecido el hecho de que la hipnosis es una condición innocua, y su inducción, un procedimiento «digno» de todo médico.

En este libro se plantea también otra cuestión que actualmente divide a los partidarios del hipnotismo en dos campos opuestos. Los unos, cuyas opiniones son propugnadas aquí por el doctor Bernheim, sostienen que todos los fenómenos del hipnotismo reconocen el mismo origen; es decir, que proceden de una sugestión, de una representación consciente infundida en el cerebro de la persona hipnotizada por una influencia exterior y aceptada por aquélla como si hubiese surgido espontáneamente.

De acuerdo con esta concepción, todas las manifestaciones hipnóticas serían, pues, fenómenos psíquicos, efectos de la sugestión.

El otro partido, por el contrario, insiste en que por lo menos una parte de las manifestaciones hipnóticas se fundan en alteraciones fisiológicas; es decir, en desplazamientos de la excitabilidad en el sistema nervioso, sin participación alguna de aquellos sectores del encéfalo cuya actividad entraña la consciencia, de modo que prefieren hablar de «fenómenos físicos o fisiológicos de la hipnosis».

El tema principal de esta controversia es el grande hypnotisme, o sea el conjunto de fenómenos descrito por Charcot en sujetos histéricos hipnotizados.

A diferencia de las personas normales hipnotizadas, dichos casos histéricos exhibirían tres niveles de hipnosis, cada uno de los cuales se distingue por determinados signos físicos muy particulares, como la enorme hiperexcitabilidad neuromuscular, las contracturas sonambúlicas, etc. Se comprenderá fácilmente cuánta importancia tiene la citada controversia conceptual para este conjunto de hechos.

Si los partidarios de la teoría de la sugestión están en lo cierto, todas las observaciones efectuadas en la Salpêtrière son inválidas y aun se convierten en errores de observación. La hipnosis de las histéricas no tendría entonces ninguna característica propia, y cualquier médico podría producir a su gusto una sintomatología cualquiera en sus pacientes hipnotizados.

El estudio del grande hypnotisme no nos enseñaría qué alteraciones de la excitabilidad se suceden en el sistema nervioso de los casos histéricos como consecuencia de determinados estímulos aplicados; sólo averiguaríamos qué intenciones sugirió Charcot a sus sujetos de experiencia, en una forma inconsciente para él mismo, y esto sería absolutamente indiferente para nuestra comprensión de la hipnosis tanto como de la histeria.

Es fácil advertir adónde conducen las implicaciones de esta concepción y cuán conveniente explicación nos ofrece para la sintomatología de la histeria en general.

Si la sugestión por el médico falsea los fenómenos de la hipnosis histérica, es muy posible que también interfiera en la observación de la restante sintomatología histérica; es decir, que establezca para los ataques, las parálisis, las contracturas histéricas, etc., ciertas leyes cuyo único y exclusivo vínculo con la neurosis radica en dicha sugestión y que, por tanto, carecerán de todo valor en cuanto otro médico observe casos histéricos en otro lugar.

Esta conclusión debe ser deducida con todo rigor y en efecto, ya ha sido sustentada. Hückel ha expresado su convicción de que el primer Transfer (transferencia de la sensibilidad de una parte del cuerpo a la parte homóloga del lado opuesto) manifestado por una histérica le había sido sugerido en cierta ocasión histórica, y que desde entonces los médicos han seguido reproduciendo constantemente, por medio de la sugestión, este síntoma pretendidamente fisiológico.

Estoy convencido de que esta concepción será muy bien venida para todos aquellos que tienden a negar que los fenómenos histéricos están gobernados por leyes, opinión que aún hoy predomina en Alemania. He aquí un flagrante ejemplo de cómo el descuido del factor psíquico de la sugestión indujo a un gran observador al error de crear un tipo clínico falso y artificial, gracias al carácter caprichoso y fácilmente maleable de una neurosis.

Sin embargo, no es difícil demostrar en detalle la objetividad de la sintomatología histérica. Las críticas de Bernheim bien pueden estar plenamente justificadas frente a investigaciones como las de Binet y Féré; en todo caso, harán sentir su importancia por el hecho de que en toda investigación futura de la histeria y del hipnotismo se tendrá más en cuenta la necesidad de excluir el factor de la sugestión.

Los elementos principales de la sintomatología histérica, empero, se hallan a salvo de toda sospecha de haber sido originados por la sugestión del médico. En efecto, informes procedentes de tiempos pasados y de países remotos, que Charcot y sus discípulos han recopilado; ya no dejan lugar a duda de que las particularidades de los ataques histéricos, de las zonas histerógenas, de las anestesias, las parálisis y las contracturas, se han manifestado en todas partes y en todas las épocas tal como se presentaron en la Salpêtrière , cuando Charcot realizó allí sus memorables investigaciones sobre esa magna neurosis.

Precisamente el transfert, que parece prestarse tan fácilmente para demostrar el origen sugestivo de los síntomas histéricos, es sin lugar a dudas un proceso genuino. Es dable observarlo en casos de histeria que no han sido influidos en modo alguno, pues a menudo se observan pacientes cuya hemianestesia, típica en todo sentido, deja indemne un órgano o una extremidad que en el lado insensible del cuerpo conserva su sensibilidad, mientras que la zona correspondiente del lado indemne se ha tornado anestética. Además, el transfert es un fenómeno fisiológicamente explicable, pues, como lo han demostrado las investigaciones realizadas en Alemania y en Francia, constituye meramente la exageración de una relación que existe normalmente entre las partes simétricas del cuerpo, o sea que en forma rudimentaria puede ser producido también en personas normales.

Otros muchos trastornos histéricos de la sensibilidad arraigan asimismo en relaciones fisiológicas normales, como tan elegantemente lo han demostrado las investigaciones de Urbantschitsch.

No es ésta la oportunidad adecuada para justificar detalladamente toda la sintomatología de la histeria, pero podemos dar por establecido que en lo esencial es de índole real y objetiva y que no es falseada por la sugestión emanada del observador.

Esto no implica negar en modo alguno que el mecanismo de las manifestaciones histéricas sea psíquico, pero dicho mecanismo no es el de la sugestión por parte del médico.

Con la demostración de que en la histeria intervienen fenómenos fisiológicos objetivos, ya no es necesario renunciar a la posibilidad de que el «gran» hipnotismo histérico presente manifestaciones que no obedecen a la sugestión por parte del observador.

La demostración de su ocurrencia real ha de quedar librada a una futura investigación especialmente destinada a este fin. Por consiguiente, la escuela de la Salpêtrière deberá probar que las tres fases de la hipnosis histérica pueden ser inequívocamente demostradas, aun en un sujeto recién ingresado y manteniendo el investigador la mayor escrupulosidad en su conducta frente al mismo.

No cabe duda de que tal demostración será accesible a corto plazo, pues ya ahora la descripción del grande hypnotisme contiene síntomas decididamente reacios a una concepción psicológica. Me refiero al aumento de la excitabilidad neuromuscular durante la fase letárgica.

Quien haya tenido oportunidad de observar cómo durante la letargia una suave presión sobre un músculo -aunque sólo se trate de un músculo facial o de uno de los tres músculos externos del pabellón auricular, que nunca son contraídos en vida- precipita en contracción tónica todo el fascículo afectado por la compresión, o cómo la presión sobre un nervio superficial revela su distribución terminal: todo el que haya visto esto se verá forzado a admitir que dicho efecto debe ser atribuido a razones fisiológicas o a un entrenamiento deliberado, y no vacilará en excluir como causa posible toda sugestión no intencionada. La sugestión, en efecto, no puede producir nada que no se halle ya entre los contenidos de la consciencia o que no haya sido introducido en ella.

Nuestra consciencia, empero, sólo conoce el resultado final de un movimiento, y nada sabe de la acción o la disposición de cada músculo interviniente, ni de la distribución anatómica de los nervios relacionados son aquéllos. En un trabajo que ha de aparecer en breve demostraré que la caracterización de las parálisis histéricas depende de este hecho y que ése es el motivo por el cual la histeria no presenta parálisis de músculos aislados, ni parálisis periféricas, ni parálisis faciales centrales.

El doctor Bernheim no debía haber dejado de producir el fenómeno de la hyperexcitabilité neuromusculaire, omisión que constituye una sensible brecha de su argumentación en contra de las tres fases.

Existen, pues, fenómenos fisiológicos, por lo menos en el gran hipnotismo histérico; pero en el pequeño hipnotismo normal, que, como Bernheim insiste con razón, es más importante para nuestra comprensión del problema, todas las manifestaciones obedecerían a la sugestión, se producirían por medios psíquicos.

Aun el mismo sueño hipnótico sería una consecuencia de la sugestión, apareciendo merced a la sugestibilidad normal del ser humano, cuando Bernheim suscita la expectación del dormir.

En otras ocasiones, sin embargo, el mecanismo del sueño hipnótico parecería ser distinto. Todo el que haya hipnotizado asiduamente se habrá encontrado con sujetos que sólo difícilmente pueden ser dormidos por medio de la palabra, mientras que responden con facilidad si se les hace fijar la vista durante cierto tiempo. Más aún: ¿quién no ha tenido la experiencia del paciente que cae en sueño hipnótico sin que se lo quiera hipnotizar y sin que poseyera evidentemente, la menor concepción previa de la hipnosis? Así, una enferma toma asiento para someterse a un examen oftalmológico o a una laringoscopia, no teniendo el médico ni la paciente la menor expectación del sueño hipnótico; no obstante, apenas cae sobre sus ojos el reflejo de la lámpara, aquélla se duerme y, quizá por vez primera en su vida, se encuentra hipnotizada.

Es evidente que en tal caso cabe excluir la intervención de todo nexo psíquico consciente. Nuestro sueño natural, que Bernheim ha comparado tan acertadamente con la hipnosis, muestra análogas reacciones. Por lo general, nos provocamos el sueño por medio de la sugestión, mediante una preparación y expectación psíquica del mismo pero en ocasiones nos domina sin el menor esfuerzo por nuestra parte, como consecuencia del estado fisiológico de la fatiga.

Cuando se mece a un niño para dormirlo o se hipnotiza a un animal manteniéndolo inmovilizado, tampoco sería lícito invocar una causación mental. Llegamos así al punto de vista que Preyer y Binswanger han adoptado en la Realenzyklopädie de Eulenburg: hay en el hipnotismo fenómenos psíquicos tanto como fisiológicos, y la hipnosis misma puede ser provocada de una o de otra manera. Hasta en la propia descripción que Bernheim ha dado de su hipnosis es inconfundible la intervención de un factor objetivo independiente de la sugestión.

Si no fuera así, la hipnosis sería distinta, de acuerdo con la individualidad de cada experimentador, como lógicamente lo ha señalado Jendrássik; sería imposible comprender por qué el aumento de la sugestibilidad sigue siempre una secuencia regular, por qué la musculatura únicamente puede ser influida en el sentido de la catalepsia, y así sucesivamente.

Debemos dar la razón a Bernheim, empero, en cuanto a que la división de los fenómenos hipnóticos en fisiológicos y psíquicos despierta en nosotros una impresión harto insatisfactoria y exige urgentemente un lazo de conexión entre ambas series.

La hipnosis, sea producida de una o de otra manera, es siempre una y la misma y presenta idénticas manifestaciones. La sintomatología de la histeria insinúa en múltiples sentidos un mecanismo psicológico, aunque no es preciso que éste sea el de la sugestión. Finalmente, el problema de la sugestión es mucho menos dificultoso que el de las correlaciones fisiológicas, ya que su modo de acción es indudable y relativamente claro, mientras que nada sabemos acerca de las influencias mutuas de la excitabilidad nerviosa a las cuales deben reducirse los fenómenos fisiológicos.

En las siguientes consideraciones espero poder exponer someramente el tan buscado nexo entre los fenómenos psíquicos y los fisiológicos del hipnotismo.

En mi opinión, el empleo inconstante y ambiguo del término «sugestión» confiere a dicha antítesis una agudeza que no posee en realidad.

Merece la pena analizar qué puede considerarse, legítimamente, como «sugestión». Es evidente que dicho término entraña alguna especie de influjo psíquico, y me inclino a opinar que la sugestión se distingue de las demás formas de influencia psíquica, como la orden, la comunicación o la instrucción, entre otras, porque en su caso se despierta en un cerebro ajeno una representación que no es examinada en cuanto a su origen, sino que es aceptada como si hubiese surgido espontáneamente en dicho cerebro.

Un ejemplo clásico de tal sugestión lo tendríamos cuando el médico dice a un sujeto hipnotizado: «Su brazo debe quedar en la posición en que yo lo coloco», apareciendo a continuación el fenómeno de la catalepsia; o bien cuando el médico vuelve a levantar el brazo del sujeto cada vez que éste lo deja caer, hasta que aquél adivina que quiere verle levantado.

En otras ocasiones, empero, hablamos de sugestión cuando el mecanismo de origen es evidentemente distinto. Así, por ejemplo, en muchos sujetos hipnotizados aparece la catalepsia sin la menor orden previa: el brazo levantado permanece así espontáneamente, o el sujeto hipnotizado conserva la posición en la cual fue dormido, a menos que se intervenga en sentido contrario.

Bernheim también llama «sugestión» a este fenómeno, declarando que la posición se sugeriría a sí misma su propio mantenimiento; pero en este caso la parte desempeñada por el estímulo exterior es evidentemente menor, y la del estado fisiológico del sujeto mismo, que coarta todo impulso al cambio de posición, indudablemente mayor que en los casos anteriores. La diferencia entre una sugestión directa (psíquica) y una indirecta (fisiológica) quizá se advierta más claramente en el siguiente ejemplo. Si le digo a un sujeto hipnotizado: «Su brazo derecho está paralizado; no puede moverlo», estoy impartiendo una sugestión psíquica directa. En lugar de ello, Charcot aplica un leve golpe sobre el brazo del hipnotizado [y el sujeto queda incapacitado para moverlo] o le dice: «¡Mire esa cara tan horrible; golpéela!», y el sujeto la golpea, dejando caer luego el brazo, paralizado. (Leçons du Mardi a la Salêtrière , tomo I, 188-1888.)

En estos dos casos, el estímulo exterior ha comenzado por producir en el brazo una sensación de agotamiento doloroso, la cual sugiere a su vez la parálisis, espontánea e independientemente de toda intervención del médico, si es que en estas condiciones puede hablarse aún de «sugestión».

En otras palabras, no se trata, en estos casos, de sugestión, sino más bien de una estimulación a autosugestiones, las cuales, como fácilmente se advierte, entrañan un factor objetivo, independiente de la voluntad del médico, y revelan una conexión entre diversos estados de inervación o de excitación en el sistema nervioso.

Es a causa de tales autosugestiones que se originan las parálisis histéricas espontáneas, y la tendencia a las mismas es mucho más característica de la histeria que la sugestibilidad por el médico, con la cual aquélla no parece guardar paralelo alguno.

No es necesario destacar que también Bernheim recurre con la mayor asiduidad a tales sugestiones indirectas; es decir, a estimulaciones de la autosugestión.

Su método para inducir el sueño, tal como lo describe en las primeras páginas de este libro, es esencialmente un método mixto; es decir, la sugestión abre de golpe las puertas que para la autosugestión se abrirían lentamente por sí mismas.

Las sugestiones indirectas, en las cuales una serie de eslabones intermedios surgidos de la propia actividad del sujeto se insertan entre el estímulo exterior y el resultado, siguen siendo, a pesar de todo, procesos psíquicos, pero ya no se hallan expuestas a la plena luz de la consciencia, que ilumina, en cambio, las sugestiones directas.

En efecto, estamos mucho más acostumbrados a concentrar nuestra atención en las percepciones exteriores que en los procesos internos. Por tanto, las sugestiones o autosugestiones indirectas pueden ser calificadas como fenómenos fisiológicos no menos que psíquicos, y el término «sugestión» adquiere el mismo significado que la provocación recíproca de estados psíquicos, de acuerdo con las leyes de la asociación.

La oclusión de los ojos lleva al sueño porque está vinculada a la representación del sueño, como una de sus más constantes manifestaciones acompañantes: una de las partes de los fenómenos del sueño sugiere los demás fenómenos que integran la manifestación total del sueño.

Este proceso de vinculación radica en la disposición misma del sistema nervioso, y no en el arbitrio del médico; no puede ocurrir, a menos que se funde en alteraciones de la excitabilidad de las partes respectivas del cerebro, en la inervación de los centros vasomotores, etc., y presenta así una faz psicológica a la vez que una fisiológica.

Como es el caso con cualquier otra conexión entre estados del sistema nervioso, también ésta puede desarrollarse en ambas direcciones.

La representación de dormir puede llevar a sensaciones de fatiga en los ojos y en los músculos, y a un estado correspondiente de los centros vasomotores; en otras ocasiones, el estado de la musculatura o un estímulo que actúe sobre los nervios vasomotores pueden, de por sí, despertar al durmiente, y así sucesivamente.

Sólo cabe decir que sería tan unilateral considerar únicamente la faz psicológica del proceso como atribuir a la inervación vascular toda la responsabilidad de los fenómenos de la hipnosis.

¿Cómo afecta todo esto la antítesis entre los fenómenos psíquicos y los fisiológicos de la hipnosis? Aquélla podía ser significativa mientras se concibiese la sugestión como una influencia psíquica directa ejercida por el médico, que a su gusto podía imponer cualquier sintomatología al sujeto hipnotizado; pero dicha antítesis pierde su significado en cuanto se reconoce que aun la sugestión sólo puede desencadenar series de manifestaciones que están basadas en las particularidades funcionales del sistema nervioso del sujeto, y que en la hipnosis se hacen sentir también otras características del sistema nervioso, además de la sugestibilidad.

Aún cabría preguntar si todos los fenómenos de la hipnosis deben pasar en algún punto a través de la esfera psíquica, o sea si los cambios de excitabilidad que ocurren en la hipnosis siempre afectan únicamente la corteza cerebral, pues éste es el único sentido que dicha pregunta admite. Al verterla así en otros términos parecería que ya hubiésemos decidido su respuesta.

En efecto, no hay justificación alguna para establecer tal contraste entre la corteza cerebral y el resto del sistema nervioso: es improbable que una modificación funcional tan profunda de la corteza cerebral no sea acompañada por importantes alteraciones de la excitabilidad en las demás partes del encéfalo. No poseemos ningún criterio que nos permita discernir exactamente un proceso psíquico de otro fisiológico, un acto que ocurre en la corteza cerebral de otro que tiene lugar en los centros subcorticales, pues la «consciencia», sea ésta lo que fuere, no forma parte de todas las actividades de la corteza cerebral ni corresponde a cualquiera de ellas siempre en igual medida; no es una cosa vinculada a ninguna localización particular en el sistema nervioso.

Creo, por consiguiente, que la cuestión de si la hipnosis exhibe fenómenos psíquicos o fenómenos fisiológicos debe ser rechazada en estos términos generales, subordinando la decisión a una investigación particular para cada fenómeno individual.

En este sentido me considero con derecho a afirmar que la obra de Bernheim, aunque, por un lado, trasciende el campo de la hipnosis, deja, por el otro, una parte del tema fuera de consideración.

Cabe esperar, sin embargo, que también los lectores alemanes de la obra de Bernheim tengan ahora la oportunidad de reconocer cuán instructiva y valiosa es la contribución de dicho autor al describir el hipnotismo desde el punto de vista de la sugestión.

 

Viena, Agosto de 1888.

 

NOTAS DEL TRADUCTOR

En el capítulo II de la obra citada (pág. 34 de la traducción alemana), Bernheim describe la hipnosis de un sujeto «de temperamento nervioso», señalando dos párrafos más adelante que «se trata de un hombre inteligente, que no es histérico ni nervioso en absoluto». Freud agrega la siguiente nota:

Me veo obligado a señalar esta contradicción del autor, que acaba de calificar al mismo enfermo de naturellement nerveux.

En el capítulo IV («Manifestaciones orgánicas de la hipnosis»), al referir el autor las observaciones de «estigmas» por extravasación sanguínea efectuadas en sujetos sugestionados por Mabille, citando el caso famoso de la «estigmatizada» Louise Lateau, agrega Freud (pág. 72):

Véanse las experiencias similares realizadas por Jendrássik (Neurol. Centralblatt, núm. 11, 1888) y por Krafft-Ebing. En el capítulo VIII («Teoría del autor para explicar los fenómenos de la sugestión»), Bernheim establece que «las manifestaciones hipnóticas… obedecen exclusivamente a la sugestión, es decir, a la influencia ejercida por una idea sugerida y aceptada por el cerebro. Pero lo más notable en el sujeto hipnotizado es su automatismo… Este parece ser, a primera vista, un estado no natural y antifisiológico…» Para restablecer la conexión entre los fenómenos hipnóticos y los de la vida normal destaca la intervención de múltiples mecanismos automáticos en la conducta vigil, atribuyéndolos a la abolición parcial del control cerebral y a la liberación de los mecanismos medulares.

Freud discrepa de tal interpretación en la siguiente nota (pág. 116): Me parece injustificado e innecesario admitir que un acto de ejecución cambie de localización en el sistema nervioso, si ha comenzado con consciencia, para continuar luego inconscientemente. Es mucho más probable que la zona respectiva del cerebro pueda operar con una magnitud variable de atención (o de consciencia). Bernheim continúa su argumentación (pág.117) invocando el desarrollo del encéfalo, en particular su mielinización progresiva en el recién nacido, y concluyendo que el cerebro no mielinizado sería inerte, sin citar en tal texto a Flechsig.

Freud agrega: Este pasaje contiene algunas afirmaciones que ya no concuerdan con nuestros actuales conocimientos, sin que tal rectificación afecte la demostración perseguida por el autor. Así, numerosas experiencias, las últimas de las cuales han sido efectuadas por Exner y por Paneth, demuestran que la corteza cerebral también es excitable en el animal recién nacido. Además, quien se inclinara a suponer que la corteza del recién nacido contient à peine quelques tubes nerveux ébauchés, menospreciaría en grado sumo la estructura real de dicho órgano. Finalmente, es mucho más justo atribuir a Flechsig [que a Parrot] el mérito de haber señalado la inmadurez del cerebro infantil y su paulatino desarrollo.

Dos notas de las págs. 122 y 162 son simplemente aclaratorias de locuciones francesas intraducibles.

En la pág. 198 Bernheim cita bibliografía alemana y Freud señala que no la ha verificado. En la pág. 244 agrega al título «Afecciones histéricas» la observación de que «el traductor no ha querido modificar la clasificación a que el autor somete sus casos, aunque la considera decididamente objetable». Finalmente, al título de la pág. 295: «Neuropatías diversas», agrega: «principalmente neurasténicas».

EPÍLOGO DEL TRADUCTOR

La publicación de esta segunda parte se ha retrasado algunos meses con respecto a la fecha anunciada, debido a circunstancias personales del traductor. Con toda probabilidad, ni aun así habría llegado a concluir mi labor si el doctor Otto von Springer no hubiese tenido la inapreciable gentileza de encargarse de la traducción de todas las historias clínicas que integran esta segunda parte, por lo cual le expreso mi más caluroso agradecimiento.

Viena, Enero de 1889.