Perspectivas Sistemicas I Gubel: Milton Erickson en Buenos Aires

Sistemica. Perspectivas Sistemicas. Isaac Gubel: Milton Erickson en Buenos Aires

En la labor Psicoterapéutica muchas veces, el terapeuta apunta a aplicar una teoría en particular a todos sus pacientes, por el contrario, Gubel abordó los problemas de cada paciente de a cuerdo a sus diferencias culturales, étnicas, afectivas y hasta religiosas. Teniendo en cuenta las características individuales o circunstancias especiales de cada persona.
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Dr. Carlos Malvezzi Taboada
Especialista en Psicología Clínica
Instituto Gubel de Investigación Docencia
Hipnosis, Psicoterapias Breves y
Medicina Psicosomática. Buenos Aires. Argentina**

Tal vez sólo algunos terapeutas, me refiero a las nuevas generaciones de profesionales en el campo de la Psicoterapia, sepan hoy que Argentina también tuvo su Milton Erickson .

Isaac Gubel vivió, trabajó y enseñó en Buenos Aires, pero también lo hizo más allá de nuestras fronteras (Europa- América Latina-Asia). Partiendo de una concepción psico-antropológica para la comprensión de la conflictiva humana.

Jamás negó sus enseñanzas a quienes quisieron escucharlas y sólo requirió de sus discípulos que tuvieron la amplitud suficiente como para no quedar atrapados dentro de esquemas conceptuales o teorías rígidas en las que primero está el dogma y luego el ser humano.

Su pensamiento fue amplio, curioso, profundo, y su saber abierto, sagaz y lúcido. Polémico muchas veces por el énfasis que ponía al llamar a las cosas por su nombre, cuestionado otras por no atar sus pensamientos a la teoría de moda y continuar siendo conceptualmente libre. Particularmente en una ciudad como Buenos Aires, verdadera BABEL PSICOTERAPÉUTICA, tal como en una oportunidad él la denominó y donde la dogmática rigidez de la corriente psicoanalítica, en boga en ese momento (años 60/70) tendía descalificar todo lo que no se ajustase a su propio lecho de Procusto.

Gubel produjo gran cantidad de logros clínicos y ejerció influencias propias sobre muchos profesionales interesados en la labor psicoterapéutica que incorpora aportes de la hipnoterapia. Sin duda, sus excelentes logros se hallaban respaldados por su propia filosofía, las cuales dieron vívidas e intensas impresiones a mucha gente.

En la labor Psicoterapéutica muchas veces, el terapeuta apunta a aplicar una teoría en particular a todos sus pacientes, por el contrario, Gubel abordó los problemas de cada paciente de a cuerdo a sus diferencias culturales, étnicas, afectivas y hasta religiosas. Teniendo en cuenta las características individuales o circunstancias especiales de cada persona. Apoyándose para ello en sus ricas experiencias clínicas, su agudo poder de observación y excelente disposición como psicoterapeuta, más que en los rígidos conceptos de tal o cual escuela. Conceptos que la mayoría de las veces son meras especulaciones teóricas, lejanas y distantes de la realidad de la persona que tenemos frente a nosotros.

Milton Erickson obtuvo muchos logros en base a experiencias clínicas. Sin embargo, no trató de establecer su propia teoría, en cambio sí produjo innumerables descripciones clínicas, detalladas y minuciosas. Por tal razón , tal vez su teoría aparezca como difícil de comprender y es tal vez por ello que sus seguidores jóvenes pareciera que están trabajando gradualmente de teorizarla de manera propia. Sin duda Isaac Gubel fue naturalmente un verdadero ericksoniano. Fue él quien en los años 60/70 compartió e introdujo los conceptos y pensamientos de Erickson en nuestro medio. Esto no era fortuito, sino que ambos al tomar como punto de partida para su trabajo clínico lo que la hipnosis aporta, intercambiaron conceptos e ideas en epistolar amistad, aun cuando fueron pocas las oportunidades en que se encontraron personalmente, compartieron congresos y enseñanzas en otros países y se enriquecieron mutuamente.

Opinaba Carlos Sluzki: “Isaac Gubel fue un verdadero pionero de la hipnoterapia en la República Argentina, con quien tuve el gusto de compartir más de una actividad científica y de enriquecerme con su mente lúcida e ideas de avanzada” (sic).

Y como entiendo que el humor es un excelente ingrediente en la Psicoterapia, más allá de los conceptos hasta ahora vertidos, como síntesis de su personalidad y compartiendo el criterio Ericksoniano de la profundidad y el valor de la anécdota, vuelco aquí una de ellas, que le valió, allá, por el año 70, el premio “Dr. Albert Schweitzer, Día del Médico”, la llamó “LA PARANOICA” y así decía:

“Mis sueños marineros se vieron cumplidos. Tendría por fin una lancha. Después descansaría cada domingo de la dura tarea de mi consultorio psiquiátrico.

Había soñado y trajinado meses en pos de mi propia lancha.

Superé complejísimos problemas burocráticos hasta obtener en dos bancos la financiación para la compra del casco y del motor

Luego llegaron los sinsabores con carpinteros y mecánicos para poner todo en funcionamiento.

El “Mal del sauce”, síndrome digno de la atención de endocrinólogos, neurólogos y psiquiatras, es una afección que padecen mecánicos y pintores de los clubes náuticos.

Éste síndrome se caracteriza por síntomas de abulia e hipotonía muscular para el trabajo, tendencia a la mitomanía y rasgos de sadismo, que los lleva a prometer y nunca cumplir con las fechas de entrega de trabajos esperados semana tras semana por ansiosos náuticos, a los que frustran regularmente cada domingo.

“Mi mecánico, por supuesto, también padecía de la fluvial endemia y nunca terminaba de instalar y poner a punto el motor y la tan complicada pata para la hélice.

Hacía apenas dos meses que había vencido el arduo problema de conseguir donde guardar mi lanchita.

Un antiguo paciente abogó para que me aceptaran en el club y me asignaran en la guardería una “cama o catre” donde depositar la embarcación durante la semana.

A esta altura de los acontecimientos, sentí que estaba al borde de una neurosis obsesiva o de desarrollar una paranoia.

En la prefectura, para matricularla, me preguntaron que nombre tendría la embarcación. Me pareció que el más adecuado sería “Paranoica”. Había hecho apenas dos salidas y comenzaron los problemas con la pata de la hélice, y ya no pude navegar.

Mientras tanto, la “Paranoica”, descansaba en su catre a la espera del mecánico, quien estaba en plena crisis del “mal del sauce”, postergando indefinidamente su trabajo a pesar de mis rogativas que no lograban mitigar ni su abulia ni su mitomanía.

Una tarde se produjo el milagro: llamó por teléfono.

Mi secretaria, contagiada por mi ansiedad, me pasó el llamado. Estaba frente a mi paciente, joven señora muy angustiada y desconfiada, refractaria tanto a medicación como a psicoterapia.

En esos momentos la persuadía que aceptara internarse para una cura de sueño. Quise ser discreto ante la enferma y no mostrar mi tribulación náutica, optando por camuflar y apurar mi diálogo con el mecánico: “Hola Francisco, por fin me llama!…

…Hágame el favor…lo más urgente posible…Baje la Paranoica…Si, la del catre 77.
…Está con un cortocircuito…un lío…arréglele los cables…póngalos en orden…también mírele la pata…
…Engrásela bien …toda…completa…
…Salga con ella…sí…sí…tiene mi permiso.
…Úsela un rato largo…
…Pruébela bien a fondo…
…Hágale un service completo…
…Si responde bien…yo voy a salir con ella el sábado.
…Ah!… y no olvide meterla otra vez en el catre…en el 77. Es el de La Paranoica…”

Cuando dirigí la mirada a mi paciente, la ví azorada, diría al borde del pánico.
Me observaba con mucho miedo…vigilándome.
Me saludó presurosamente, se fue y nunca más regresó.”

 

Doy fe que es una historia auténtica y no una fantasía literaria.

**Carlos Malvezzi Taboada, es Director del Instituto Gubel de Investigación y Docencia en Hipnosis, Psicoterapias Breves y Medicina Psicosomática. Representante oficial de la International Society for Medical and Psychological y de la Sociedad de Hipnoterapia Clinica SHC Hypnosis (ISMPH)

 

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