Todas las Personas Pueden ser Hipnotizadas


El legendario arte de hipnotizar, una técnica sencilla y milenaria


Hipnosis
¿Qué sucede con una persona cuando se la hipnotiza? ¿Es una técnica sencilla? ¿Deja secuelas? ¿El paciente se acuerda de lo que pasó o no recuerda absolutamente nada? Las dudas e inquietudes que despierta la hipnosis son inagotables.

“No hay demasiado misterio -simplifica H.L.-. Hipnotizar a un paciente es hacerlo entrar en trance. Es decir, en un estado especial de conciencia. Su mente se disocia; está como en un sueño, pero, a la vez, nunca deja de tener claro que está en un consultorio charlando con un profesional”, dice.

Por el lado del paciente la cosa no se complica demasiado. “Si está dispuesto, si no tiene demasiado miedo y si tiene ganas, en pocos minutos puede entrar en trance”, asegura.

El trance hipnótico es un estado especial de conciencia que favorece una serie de cambios, entre los que se destaca un cierto control de las funciones gobernadas por el sistema nervioso autónomo.

Según los psicologos especialistas, hay muchas maneras de inducir el trance, pero la forma más sencilla consiste en pedirle al paciente que fije la mirada en un punto o en los ojos del terapeuta, mientras éste le habla, en forma monótona, apelando a diversas sugestiones.

Aclaremos: hipnotizado no quiere decir dormido. Muy por el contrario, la persona hipnotizada está más despierta y receptiva que en vigilia. “Es un estado de gran concentración. La persona sabe quién es y qué está haciendo, pero deja de lado los mecanismos de defensa de la vigilia”, explica el doctor Malvezzi Taboada , quien aclara que no se usa ningún psicofármaco para estimular el trance.

Todas las personas pueden ser hipnotizadas a partir de los 6 años, incluso aquellas que han sido refractarias a otras terapias. Los tratamientos oscilan entre un mes y seis meses.

Hipnosis: Ni magia ni superpoderes
Uno de los grandes temores de quienes deciden someterse a un tratamiento con hipnosis es la idea de una subordinación a un poder absoluto , el fantasma de estar totalmente “sometido” a la voluntad de otro. “No es así -desmitifica H. L.-. El paciente no está a merced de mí y yo no puedo hacer nada que él no quiera . Es más: cuando se despierta, él se acuerda de todo lo que vio mientras estuvo en trance, y hasta puede decidir no contármelo. Por eso la confianza es fundamental: si hay demasiado temor, el tratamiento no sirve”, asegura.

El doctor Malvezzi Taboada también despeja los temores respecto de la hipnosis. “Es muy poco peligrosa. Hay mucho mito . Lo peor que puede pasar es nada”, asegura. “La gente cree que tenemos poderes en nuestras manos, que somos especiales, y no es así. Una persona puede entrar en trance con el mejor de los psicólogos o con un grabador”, subraya.

“Es importante dejar claro que uno hace hasta donde el paciente quiere y deja hacer . Nadie lo puede obligar a nada mientras está en trance”, dice Malvezzi Taboada , y desliza un ejemplo que despeja todas las dudas: “Si quienes hipnotizamos tuviéramos tanto poder sobre el paciente, podríamos juntarnos un grupo de profesionales que dominemos la técnica e ir a una cárcel y convertir, en un par de tardes, a todos los detenidos en personas honorables ; algo imposible.”

Otro temor recurrente es la posibilidad de enterarse de cosas que uno preferiría no saber y, al despertar, quedar expuesto a niveles de angustia intolerables . “No hay que temer, porque la hipnosis no levanta represiones profundas, pero en este punto es clave la responsabilidad del profesional. La hipnosis , como cualquier otro procedimiento terapéutico, es peligrosa en malas manos”, dice Losinno.

Según las normas argentinas, sólo pueden ejercer la hipnosis los médicos, odontólogos y psicólogos. Pero no hay controles y la técnica es sencilla: el cuidado tiene que partir de uno mismo .

Fíjese Bien

Lea atentamente: se suele situar el inicio de la historia formal de la hipnosis en 1765, con los trabajos del médico austriaco Franz A. Mesmer y sus curaciones colectivas espectaculares. Mesmer -recuerdan los expertos- proponía que las enfermedades eran consecuencia de una “aberración de la armonía orgánica”, producida por la concentración inadecuada de un fluido magnético invisible que se asentaba en el cuerpo humano proveniente del Sol, la Luna, los planetas, la Tierra, los metales y los animales. Y pensaba que la curación consistía en hacer fluir el magnetismo básicamente a través de la voluntad y la concentración mental. De ahí en más, la hipnosis dio para todo: para verdaderos logros terapéuticos, para farsas montadas por muchos charlatanes y para edificar cientos de supercherías. ¿Quién no identificó alguna vez a la hipnosis con un señor adusto, que mira fijo a su paciente y logra dominarlo totalmente? Más allá de esa imagen teatral, o cinematográfica, la hipnosis genuina parece haber vuelto a primer plano. ¿No lo cree? Mire fijo, siga leyendo…

Experiencias de Freud

Sigmund Freud, universalmente conocido como creador del psicoanálisis, investigó la hipnosis en profundidad al comienzo de su carrera en su condición de médico. El científico de Viena fue discípulo de las famosas escuelas de La Salpetriere, con el profesor Charcot, y de la Escuela de Nancy, con el médico Bernheim. Al principio, Freud utilizó la hipnosis para el tratamiento de la neurosis, pero, posteriormente, confesándose -según algunos- un mal hipnotizador, la abandonó para entregarse a formular su teoría del psicoanálisis.

 

Eduardo San Pedro
esanpedro@clarin.com