Trastornos de Angustia Crisis de Pánico

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Un cuadro que afecta a entre el 3 y el 5% de los argentinos. Dicen que los ataques de pánico aumentan por la crisis. Los especialistas aseguran que hay una relación directa entre estos ataques y los sucesos estresantes que se viven. Los que los sufren tienen sensación de ahogo, escalofríos y mareos.

trastorno de angustia o ataque de panico en clarin

La angustia duele en el pecho. Y en ciertos casos puede alcanzar niveles de ataque de pánico. El cuadro es feo: falta el aire, hay escalofríos, mareos, náuseas, temblores, palpitaciones, sudor, duele la cabeza, el estómago. Sintomas ataque de panico.  La sensación es de ahogo, locura, parece que el corazón explota y que la muerte se acerca.

Se estima que entre el 3 y el 5 por ciento de los argentinos sufre estos trastornos, y la cifra sube. ¿Las causas? El estrés de la vida moderna, la crisis social y sí, la sensación de inseguridad.

Lo que dicen los especialistas es que hasta hace poco nadie se atrevía a asegurar la existencia de una relación directa de causa y efecto entre la aparición de ataques de pánico y eventos estresantes provenientes del medio social. Pero ahora explican que, sin dudas, hay propensión en algunas personas susceptibles o vulnerables a que las crisis de angustia y los ataques de pánico se precipiten en el marco de un contexto social inestable.

Los psicoanalistas y psiquiatras que se dedican a estos temas siempre hablaron de factores predisponentes de origen genético y fisiológico (baja azúcar en la sangre, baja presión arterial, problemas cardíacos, hiperventilación, consumo de drogas, café y otros estimulantes) y psicológico (personalidad dependiente, temerosa, con baja autoestima).

También explican las circunstancias y los factores desencadenantes que generan ansiedad: peleas de pareja, separaciones, mudanzas, viajes, cambios de trabajo, exámenes, muerte de seres queridos . A estas situaciones hay que sumar la incertidumbre laboral, el desempleo, los problemas económicos, las agresiones, los robos, los secuestros.

“El modelo social que está dominando no ayuda para nada a vivir bien. La única posibilidad es excluir a un grupo grande de la población, y luchar a brazo partido para quedar en el otro grupo. Este modelo desigualitario genera ansiedad, angustia”, dice Miguel Angel Forte, director de la carrera de Sociología de la UBA.

Eso está claro, ahora, ¿por qué algunas personas se ven tan afectadas por los problemas de la vida cotidiana mientras que otras atraviesan la vida con mucha mayor tranquilidad? Hay componentes genéticos, físicos y psicológicos que llevan a que una persona pueda ser más ansiosa que otra. El tema es que hoy se vive en un estado de ansiedad bastante generalizada.

“Toda situación de violencia incide en estos trastornos. Vivimos en un momento en el que todos estamos en alerta, cuidándonos mucho. Y en personas vulnerables esta sensación va más allá de lo normal. En esos casos la inseguridad y la violencia pueden funcionar como un disparador para estas crisis”, dice el psicólogo Carlos Malvezzi Taboada , del Instituto Gubel .

Y da un ejemplo: “Uno de los últimos pacientes que atendí tuvo un ataque de pánico mientras manejaba, porque lo seguía un auto y creyó que lo iban a robar o a secuestrar”.

Malvezzi Taboada asegura que las consultas subieron: “La gente hoy sabe qué es un trastorno de ansiedad o un ataque de pánico, pero también sabe que es por los cambios de vida. El estrés, el trabajo, los 160.000 estímulos e informaciones diarias que recibe el ser humano son imposibles de asimilar”.

Para el psiquiatra Enzo Cascardo, del Centro Ima, “la inseguridad y los eventos estresantes pueden provocar crisis y ataques de pánico. Si la situación de inseguridad aumenta afecta al paciente con crisis de seguridad. El medio se vuelve fecundo para más ataques. De hecho hay muchas más consultas. El 90 por ciento de nuestros pacientes hoy están por crisis o ataques de pánico”.

El psicoanalista Rolando Imperiali recurre a una frase de Freud -“Cuando al general le cortan la cabeza”- para ilustrar la situación actual: “Vivimos pensando que cualquiera puede ser atacado. Hay una sensación de que no hay ley, no hay orden, no hay padre. La Policía y la Justicia no cumplen su función paterna. Y eso desencadena pánico en parte del grupo, más allá de que efectivamente sea robado. Se vive como una crisis de angustia permanente, y la angustia sostenida en el tiempo afecta al cuerpo”.

En el Fobia Club, las consultas por ataque de pánico subieron un 30 por ciento del 2000 a hoy . “No hay dudas de que la inseguridad puede actuar como disparador , como desencadenante en personas que sufren ansiedad. El contexto siempre ayuda”, dice el psicólogo Gustavo Bustamante.

“Las situaciones sociales de inestabilidad despiertan manifestaciones de angustia normales frente a alteraciones de condiciones básicas de seguridad y estabilidad para la población. Pero en personas vulnerables esto representa una exigencia mayor y quedan más expuestas a una demanda excesiva a la que no pueden hacer frente. Así, no pueden estimar adecuadamente la situación, ya sea porque sobreestiman la amenaza o subestiman sus recursos de respuesta”, explica la psicoanalista Jeanette Dryzun.

Lo importante es que, aseguran los especialistas, el trastorno tiene buen pronóstico: si se trata, la recuperación es rápida. En algunos casos es necesario tomar psicofármacos, pero la mayoría se resuelve con psicoterapias.

Los enfermos invisibles
Daniel dos Santos
ddossantos@clarin.com

Los enfermedades mentales tienen mala prensa. Al enfermo se lo esconde o se lo ignora. En el mejor de los casos, se minimizan sus trastornos. Así los tratan familiares y amigos. También el Estado. ¿Quién podría señalar más de dos hospitales donde se trata a este tipo de enfermos, más allá del Borda y el Moyano? ¿Quién, en su sano juicio, podría decir que allí -a pesar del esfuerzo de sus profesionales- se prepara a los enfermos para que puedan reinsertarse en la sociedad?
La política de salud mental tiene menos visibilidad que cualquiera otra. El periodismo no es ajeno a estas ausencias.
Bien ocupado en los colesteroles buenos y malos, patologías cardiovasculares, el sida y, entre otras, las campañas antitabaco, los artículos sobre las enfermedades mentales tienen poco espacio. Lo que se dijo: mala prensa.

Sensación insoportable

Historia 1 . Josefina es una abogada de 25 años a la que un robo le cambió la vida. Volvía de trabajar a su casa de Carapachay, caminaba por la calle hasta que unos chicos en bicicleta la pararon para robarle. Le sacaron la campera y le tironearon la cartera. “Quedé muy asustada, con mucho miedo. Y empecé con los ataques de pánico. Me agarraban palpitaciones, me faltaba el aire, me ponía pálida, pensaba que me iba a morir. Y me pasaba en cualquier lado, en el trabajo, el colectivo, a la noche. Tenía hasta tres o cuatro por día”, dice Josefina.
El robo ocurrió en julio del 2003, y los sufrimientos duraron por meses. “Iba por la calle mirando a todo el mundo, desconfiaba de cualquiera, me sentía muy limitada por el miedo”, cuenta la abogada, que recién a fin de año se acercó al Centro Ima. Allí comenzó un tratamiento con ansiolíticos y un grupo de autoayuda. Hoy ya está perfectamente bien.

Historia 2 . Viviana Pumar tiene 41 años, trabaja como empleada en una compañía discográfica y en setiembre del año pasado publicó el libro “Yo tengo un ataque de pánico”. Dice que lo escribió porque cuando ella comenzó con los ataques no había mucha información. Fue en diciembre del 97, y estaba en un cine, viendo una de acción de Harrison Ford.
Empezaron las taquicardias, los mareos, los ahogos, la sensación de muerte.
La odisea duró años.
Viviana no quería salir a la calle, y además contrató a una persona para que viviera con ella.
En abril de 2002 llegó a Fobia Club, y el tratamiento duró un año. “Ahora estoy bien, pero yo tuve que lidiar con la peor época de los secuestros, los robos. Salir a la calle, subir a un tren o un colectivo o andar de noche era una sensación tremenda, casi insoportable”.

Historia 3 . Roxana tiene 30 años y es instrumentadora quirúrgica. Su primer ataque de pánico fue hace ocho años, en plena calle.
“Me faltaba el aire, tenía una presión muy fuerte en el pecho y la sensación de que me iba a caer.
Me hice chequeos de todo, y no tenía nada”, cuenta Roxana.
La mujer llegó al Instituto Gubel hace dos años, donde descubrió que lo que tenía eran ataques de pánico.
El tratamiento es una combinación de terapia cognitiva, psiquiátrica y medicación.
“Hoy me siento bien, aunque siempre está presente el temor de que me vuelvan los ataques.
Más ahora que hay tanta inseguridad y violencia”.

Clarin. Publicado en la ed. impresa: Lunes 10/05/2004
Mariana Iglesias.  miglesias@clarin.com

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