Fobia Amaxofobia Miedo a manejar un problema frecuente

Una fobia cada vez mas frecuente la amaxofobia el miedo a conducir vehiculosEl miedo a manejar Un problema más frecuente de lo que se cree

Una fobia que recién en los últimos tiempos comenzó a difundirse
Se llama “amaxofobia” y afecta al 2% de las personas con registro. Ataca más a las mujeres que a los hombres. Por lo general, sufren ahogos o taquicardias cuando se conduce en autopistas o rutas.

las fobias en las notas de clarin
26.03.2005
miedo fobias ansiedad


Juan, 35 años: “ Me pongo nervioso cuando tengo que manejar en la ruta o en la autopista. Transpiro. No puedo superar los cien kilómetros por hora, y si tengo que pasar un auto me palpita el corazón . Estoy muy preocupado porque nunca antes me había pasado, surgió de repente. Y no es que haya sufrido algún accidente. El problema crece y me está agobiando realmente”.

Claudia, 45 años: “No puedo tomar la Panamericana. Cada vez que tengo que ir a Unicenter voy por la colectora. No me animo a viajar a ningún lado sola en auto. Sé que todo es por un temor irracional, pero…”

Así es. Tienen un auto. Tienen registro. Pero ya no se atreven ni a asomarse al garage. La impotencia que sienten es enorme. Y la angustia, insoportable. Sufren fobia a manejar o “amaxofobia” (en latín, significa miedo a los carruajes).

En los tiempos que corren, la fobia es uno de los trastornos de ansiedad que se da con más frecuencia. Es un temor irracional, exagerado, a objetos o situaciones que normalmente no deberían producir respuestas tan desmesuradas. En lo que respecta al manejo , la sensación es que se pierde el control del auto. Y ronda la idea recurrente de no ser capaz de desenvolverse bien en las calles.

Se puede dar en personas que dejaron de manejar un tiempo y cuando retoman experimentan los síntomas fóbicos. También en conductores hábiles que de golpe empiezan a pasarla mal ante el volante. Controlan el coche, pero no el miedo.

Los especialistas consultados por Clarín -profesionales de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad, Fobia Club, Centro IMA de Investigaciones Médicas en Ansiedad, Instituto Gubel de Investigación y Docencia en Hipnosis, Psicoterapias Breves y Medicina Psicosomatica y Fóbicos Anónimos- señalaron que en Estados Unidos la tasa de incidencia de este trastorno alcanza el 8 % de los que tienen registro de conductor, pero que en Latinoamérica la tasa es menor y que ronda el 2 % . Esto quiere decir que sólo en la Capital Federal , donde 1.8000.000 personas obtuvieron su registro, habría unos 36 mil “amaxofóbicos”.

“La fobia a manejar es una de las más difundidas de los últimos años, pero la sociedad todavía no es consciente de su extensión ni de su importancia. Lo que ocurre es que es un trastorno que ni los propios conductores quieren reconocer. No es fácil contarle a los demás que se tiene pavor a conducir. Y menos esperar que lo comprendan”, explica el psicólogo Gustavo Bustamante, vicepresidente del Fobia Club.

Sudor, ahogo, temblor, taquicardia y dolor de estómago son sólo algunos de los síntomas que padecen los afectados. Incluso se dan casos de personas obligadas a parar el auto ante la sensación de descontrol que los invade.

Bustamante señala dos frecuentes causas: una mala experiencia al aprender a manejar o haber estado mucho tiempo sin conducir. El psicólogo Alfredo Cía, de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad, agrega otras dos: “Un accidente, que puede dejar secuelas físicas o psíquicas. O la agorafobia (rechazo a los espacios abiertos), que puede derivar en la imposibilidad de manejar”. Es un trastorno con diagnóstico positivo y que se resuelve con terapias específicas.

Tampoco, dicen los especialistas, se debe desestimar los efectos que provocan ciertos comentarios y actitudes de padres sobreprotectores o parejas desconfiadas, que vapulean la autoestima del conductor. ¿Quiere decir que el machismo influye? Eso parece. Tal vez no desde lo consciente, pero sí desde lo cultural.

Según el psicólogo Malvezzi Taboada, presidente del Instituto Gubel, esta fobia afecta más a las mujeres que a los hombres, en relación de dos a uno. “Esta tendencia no se verifica sólo en la Argentina sino en todo el mundo. Se debe a pautas formativas y culturales. El hombre tiene una dosis de agresividad que no tiene la mujer. Por otra parte, la mujer tiene más permitido socialmente admitir que no se anima a hacer algo, como manejar”, dice.

“En la calle se toman decisiones todo el tiempo. ¿Y quienes son los que toman las decisiones? Los adultos. Decidir significa crecer, empezar a manejarse solo –dice Adriana Carabajal, presidenta de Fóbicos Anónimos-.Los fóbicos son personas que tratan de controlar todo, porque eso es da seguridad. Y también son superexigentes con ellos mismos, y si sienten que algo no les sale perfecto, lo dejan de hacer. Pero esa es una trampa”.

No es todo. Hay personas con trastorno obsesivo compulsivo que tienen obsesiones agresivas y temen atropellar a alguien. Y están los que temen conducir por el síndrome de la amenaza traumática, que surge por vivir en un ambiente lleno de información sobre accidentes. Eso lleva a tomar precauciones exageradas o incluso desistir de sacar la licencia por el grado de responsabilidad que implica, dice Cía.

Los especialistas coinciden en que el pronóstico es más que positivo . Se aplica una terapia específica. Los métodos varían, pero el objetivo es siempre el mismo: modificar las creencias negativas que impiden enfrentarse adecuadamente al tráfico.

Testimonios

“Y pensar que yo era fierrero”

UN KARMA QUE DURÓ 14 AÑOS . JAVIER RIPOLL EMPEZÓ A DESARROLLAR FOBIA AL MANEJO EN 1989. SE CURÓ EN 2003.

Siempre era el mismo lugar: Panamericana y Pelliza. Ahí empezaba el miedo, que se manifestaba en sudor y palpitaciones . Entonces se movía de carril: iba al derecho que es más lento. Esa maniobra le daba la posibilidad de tomar cualquier salida o directamente frenar el auto. Así manejó Javier Ripoll (45) durante tres años. El problema se agudizó cuando en el 92 volvía con su mujer de Mar del Plata y en una curva intentó pasar un camión. Tuvo las mismas feas sensaciones de la autopista. Como pudo, siguió manejando, pero llegó a su casa con el cuerpo contracturado.

“Empecé a evitar la Panamericana , pero me pasaba lo mismo en laGeneral Paz, y en cualquier ruta. Un verano que íbamos a Miramar tuvo que manejar mi mujer. Yo no pude. Me parecía increíble. Yo siempre fui súper fierrero, y de ir muy rápido”, cuenta Javier a Clarín.

Jamás imaginó que podía tener “fobia a manejar”, hasta que hace tres años escuchó a una mujer que en TV contaba sus penurias al volante, y era lo mismo que le pasaba a él. Fue al Fobia Club donde le dieron medicación antidepresiva y antipánico. Hizo terapia grupal durante un año. Al final una psicóloga lo acompañó a la Panamericana. Después , se animó y salió solo. Fue a Miramar, y hasta manejó 1.600 kilómetros a Córdoba.

Elsa de Filipi aprendió a manejar a los 30 y compró una 4×4. Un día, al manejar, empezó con sudores, palpitaciones y temblores. La escena se repetía cada vez más, así que salía menos con el auto. Incluso se inventaba excusas para hacerlo. Finalmente vendió la camioneta. El año pasado quiso volver a manejar, compró otro auto y empezó un tratamiento antidepresivo. El intento duró unos meses hasta que volvieron los síntomas del miedo y la angustia de no poder. Empezó otro tratamiento, esta vez en el Centro IMA.

Pablo Gálvez es un ingeniero de 27 años que empezó con los ataques de pánico hace dos. “Pensé que era estrés pero llegó un momento en el que evitaba la calle y no soportaba entrar ni al subte. Empezaba con la taquicardia y con todos los síntomas típicos”, cuenta. El primer ataque fue en el auto, en la General Paz. “Me daba miedo, me sentía inseguro. Pensaba que iba a perder el control. En cualquier autopista era lo mismo. Al estar rodeado por tantos autos sentía que se me escapaba el control . Quería escaparme y salir de la autopista”. Hace un año que se acercó a la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad y empezó un tratamiento, con técnicas de exposición: sacó fotos y filmó los lugares que le daban miedo. De a poco volvió a manejar.

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Test para reconocer esta fobia

Javier Díaz Calero es un psicólogo español, autor de “Conduce tu miedo”, una guía de autoayuda para superar la fobia a conducir. Allí figura este cuestionario para que cada uno sepa hasta qué punto tiene miedo a manejar. Hay que calificar de 5 (mucho) a 0 (ninguno) el grado de temor que producen las siguientes situaciones de tráfico.

Situación Grado de temor

• Arrancar cuesta arriba.

• Subir las autopistas.

• Al estacionar, provocar la detención de otros autos.

• Circular en paralelo a los colectivos.

• En un cruce, que aparezca lateralmente otro auto.

• Circular de noche con lluvia.

• Circular cerca de motos o bicicletas.

• Bajar caminos de montaña.

• Pasar obstáculos en calles estrechas.

• Estar dentro de un embotellamiento.

• Ver gente que cruza la calle.

• Un auto asomando en un cruce.

• Ser adelantado en una ruta estrecha.

• Pasar a otros autos en una calle de doble mano.

• Que al quedarse el auto entorpezca la circulación.

Significado de Puntuación

80 -60 (Mucho miedo) 60-40 (algo) 40-20 (poco) 20-0 (nada)

 

PUNTO DE VISTA

Horacio Convertini

Hconvertini@clarin.com

Locura

Las velocidades máximas se violan con una frecuencia y una impunidad que pasma. Se avanza en zigzag, en un apuro irracional por ganar un metro, un segundo, nada. Cada bocacalle es un duelo de compadritos motorizados, fálicamente ansiosos por ver quién pone primero la trompa y quién pasa. ¿Cincuenta metros en contramano? Sí, dale, total por acá no pasa nadie…Así se maneja hoy en la Argentina. Sin respeto por las normas de tránsito (normas de convivencia, al fin) ni voluntad política por hacerlas cumplir. Si hay algo que justifica una fobia es esto: la locura al volante.

Vivimos en la ignorancia vial

Opinión

Eduardo Bertotti

EXPERTO EN SEGURIDAD VIAL

No es extraño que Buenos Aires posea cada vez más ciudadanos fóbicos al tránsito. ¿Por qué? Porque cada vez son más los que padecen las consecuencias de los accidentes en rutas y calles. Y “quien se quema con leche ve la vaca y llora”. Quizás la principal diferencia de esta ciudad con otras similares ( con una circulación de más de dos millones de autos), es la “ignorancia vial” y que se evidencia en una poca o nula conciencia de riesgo. De esta manera el accidente se concibe como un hecho fortuito o un acto “divino” ajeno a la voluntad y conocimiento propios. Si pasa, la brutalidad del suceso se vuelve más cruda por la ignorancia de las causas. De allí a las justificaciones (irracionales) hay un sólo paso: “fue la fatalidad”, “lo quiso Dios…”Pero ni esas justificaciones sirven. Y nace el miedo, el pánico, “la fobia”, a eso que lastima y mata.

 

Link: http://www.clarin.com/diario/2005/03/26/sociedad/s-03615.htm

 

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