Aseguran que la ansiedad social abre la puerta a las adicciones

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13.09.2004

Vida cotidiana: revelan que en la argentina la ansiedad social afecta a 13 de cada 100 personas

La timidez patológica o el temor al juicio de los otros producen malestares que muchos creen aliviar con el alcohol. En EE.UU. el 40% de quienes lo sufren abusan de la bebida o de las drogas.

Una copita antes de ir a la reunión de trabajo. Unos tragos para animarse a hablar con esa chica tan linda. Un vinito para soportar la cena familiar. Varias cervezas para soltarse y bailar con los amigos. Para las personas que sufren ansiedad o fobia social, el alcohol es un escudo que permite enfrentar situaciones que de otra manera serían verdaderos martirios o incluso se evitarían.

Quienes padecen el trastorno de ansiedad social sienten un temor exagerado ante la mirada de los otros, no soportan ser objeto de juicios negativos. La timidez deviene patológica. Y el cuadro de ansiedad provoca mareos, palpitaciones, náuseas y todo tipo de incómodos dolores y sensaciones corporales.

La reacción por lo general es evitar esas situaciones que desencadenan semejantes padecimientos. Pero hay quienes deciden enfrentarlas y recurren a un arma que, en principio, resulta efectiva: el alcohol.

Los psiquiatras Enzo Cascardo y Pablo Resnik, directores del Centro IMA (Investigaciones Médicas en Ansiedad), hablan de “comorbilidad”, que define a las personas que sufren más de un trastorno a la vez: “Los trastornos de ansiedad no se presentan de manera aislada en una persona. La mayoría de las veces se observan dos o más trastornos asociados, lo que suele dificultar el diagnóstico y el tratamiento”, explican.

Hicieron un estudio clínico sobre trescientos ochenta y cuatro pacientes que se atienden por fobia social. En ocho de cada diez casos la fobia apareció vinculada a otros trastornos, fundamentalmente depresión y consumo excesivo de alcohol.

Cascardo y Resnik también citan estudios internacionales y de EE.UU. que aseguran que el 40% de las personas con ansiedad social abusan del alcohol u otros tóxicos (el 25 por ciento es adicto al alcohol). Otro trabajo dice que en poblaciones de alcohólicos el promedio de los que sufren ansiedad social llega al 32%: un porcentaje tres veces mayor que la población general.

“El alcohol reduce la timidez, y permite controlar, si no impedir, el deseo de evitar las situaciones que provocan ansiedad. El alcohol suelta la lengua y da efecto ansiolítico. Además, ciertas personas con ansiedad social tienen pensamientos negativos de sí mismos. Una manera de bloquear la autocrítica es con el alcohol, que disminuye las autoevaluaciones negativas”, dice el psiquiatra Alfredo Cía, presidente de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad.

Cía habla de muestras clínicas que dicen que el 20 por ciento de las personas que sufren fobia social consumen alcohol en exceso. Y que los llamados “ansiosos sociales” tienen nueve veces más posibilidades de ser alcohólicos. “Es simple: el alcohol tiene un efecto desinhibitorio inmediato, y por eso es la mejor manera de automedicarse”, dice.

El psiquiatra Carlos Malvezzi Taboada, director del Instituto Gubel de Investigación y Docencia en Psicoterapias Breves, explica que el alcohol “es un diluyente del superyó —que fija las pautas de conductas internalizadas— que permite enfrentar situaciones temidas con más naturalidad”.

Malvezzi Taboada asegura que los trastornos de ansiedad afectan al 13 por ciento de la gente y que la mayoría de los casos se dan en la adolescencia, es decir, a los 14, 15 años. “Por eso el alcohol es tan frecuente en los jóvenes”, dice.

Algo similar opinan Cascardo y Resnik: “La ansiedad y angustia en situaciones sociales es especialmente perturbadora en los jóvenes, para quienes es de capital importancia la pertenencia a un grupo, o el inicio de relaciones laborales y de pareja. Para aliviar sus síntomas descubren y usan el efecto desinhibidor del alcohol y de otros tóxicos. Por eso es importante la prevención, detección y tratamiento de la ansiedad social en jóvenes, ya que así se evitan los cuadros de adicción.”

“Mucha gente con ansiedad se automedica con alcohol, que hace sentir bien al principio. El problema es el efecto rebote. La ansiedad vuelve con más potencia y se crea una dependencia. Se sabe que muchos alcohólicos o drogadictos empezaron su adicción por la ansiedad. Por eso, para la ansiedad se recomienda la actividad física y la relajación y evitar el alcohol y los ansiolíticos”, dice el psiquiatra Jorge Gleser, vicepresidente de la Sociedad Internacional de Medicina de Adicciones. Y da un dato clave: “Si una persona toma alcohol a diario durante cuatro semanas, se vuelve dependiente. De ahí que el uso de sustancias para la desinhibición social lleve a la adicción.”

Valeria —ex adicta que está en Alcohólicos Anónimos (AA) desde hace 31 años—, dice algo muy claro: “El común denominador en los alcohólicos es la timidez.”

Roque Pantaleone es un psiquiatra que forma parte de la Junta de Custodios de Alcohólicos Anónimos. Habla de timidez, inestabilidad e inmadurez emocional. “El alcohol disuelve la angustia y la ansiedad. Actúa como un tranquilizante. Hasta un chico se da cuenta y lo usa. Así se quita la desinhibición y hasta siente placer. Pero se convierte en hábito y luego en adicción.”

Pantaleone habla de la “era del hipermodernismo”, del “hágalo hoy” y de la urgencia de resolver todo ya mismo: “En este contexto, es más fácil tomarse un whisky que encarar un tratamiento.”

En este sentido, Sergio Halsband, secretario del capítulo Drogadependencia y Alcoholismo de la Asociación de Psiquiatras Argentinos, dice que en este nivel la persona se trata por alcoholismo, y que el trastorno de ansiedad pasa desapercibido. “Hay que indagar las causas, y el tratamiento debe ser simultáneo. Hay que combatir el alcohol y la ansiedad en un programa integral.”

Link: http://www.clarin.com/diario/2005/08/08/sociedad/s-02615.htm

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